Hoy quiero hablar de la mascota de mi página. El pajarito es un mito común (Aegithalos caudatus). Y pese a su nombre, es un pájaro muy real. Por suerte.
Lo más llamativo de esta especie es su larga cola, que llega a medir hasta 10 centímetros y la usa para equilibrarse en sus acrobacias por las ramas. Su cuerpo, de apariencia redonda, es el resto de sus 13 a 16 centímetros de longitud total. Son aves muy sociables; por ejemplo, diferentes individuos pueden ayudar a los padres con el cuidado de los polluelos (a veces, son más de 10 pequeños). Construyen nidos muy elaborados: unas bolas cerradas de musgos, líquenes y telas de araña entrelazados, con un interior tapizado por plumas y pelos. No muestran dimorfismo sexual y son mayormente insectívoros.
Hay diferentes subespecies y coloraciones del plumaje. En España se encuentran la A. c. taiti y la A. c. irbii, ambas de plumaje relativamente oscuro. En el centro y sur de Europa vive el llamado tipo EE (A. c. europaeus), que también tiene dos franjas oscuras en la cabeza muy marcadas:

Los de cabeza blanca son típicos del norte y este de Europa, así como parte de Asia. Es el tipo CC (A. c. caudatus). Destacan en Japón (en la isla de Hokkaido) los llamados shima enaga (シマエナガ), con cuerpo completamente blanco, exceptuando alas y cola.

Entre ambos, hay ejemplares con características que se parecen al otro tipo (llamados tipo EC o CE, dependiendo de la subespecie).

Para mi pesar, no veo mitos muy a menudo, pero cada año un día de enero suelen aparecer delante de mi ventana. Y ayer tuve la suerte de ver un bando de cuatro ejemplares (tipo EE). Siempre me fascina verlos volando inquietos de rama en rama. Y vinieron justo a tiempo: este fin de semana la NABU («Naturschutzbund Deutschland», una organización alemana para la protección de la naturaleza) llama a contar las aves que se ven en el plazo de una hora. Y así los cuatro se sumaron a los herrerillos y gorriones, mis viejos conocidos.
