Las nieves de principio de semana se están derritiendo poco a poco. Antes de que su recuerdo se evapore del todo, me gustaría compartir mi experiencia con el «arte» de moldear muñecos de nieve.
Hasta que llegué a Alemania, los únicos muñecos de nieve que conocía eran los de los dibujos. El típico de dos o tres bolas, con nariz de zanahoria y botones en los ojos. Y sí, existen de verdad. Hace unos días descubrí en mi calle uno de medio metro de altura, que además llevaba por sombrero un cubo de yogur (de esos de 1kg, relativamente típicos en Alemania).
Años atrás tuve mi primera oportunidad de intentar hacer uno yo misma en casa de mi familia alemana. Tienen un jardín bastante grande, lo que significa una enorme cantidad de nieve. Y el resultado del experimento fue una «Schneefrau» («mujer de nieve»).

Que con el primer esbozo tomara formas femeninas fue casualidad. Al reconocer su espíritu, dejé que ella surgiera de la nieve. Luego, con ayuda, la puse guapa con musgo, hojas y ramitas.
Esta semana quise repetir el experimento. Había nieve de sobra y me decidí desde el principio que sería una muñeca y no un muñeco.

Así sin decoraciones, es más modesta, pero por lo menos conseguí modelarle una sonrisa. Y aunque no se reconozca en la imagen, tiene una trenza sobre el hombro derecho.
La verdad es que esculpir la nieve no es tan fácil como creía. A ver qué hago la próxima vez. ¿Tal vez un «Schneevogel» («pájaro de nieve»)?