Silencio y miradas severas. Justo lo que Tai había esperado.
Esos viejos cascarrabias seguían anclados en un pasado lleno de tradiciones grises. Pero su negativa significaba también su fin; de ese modo habían desaprovechado la última oportunidad de salvarse.
Esa noche, Tai y los suyos desplegarían por fin la ofensiva. Desde todos los rincones del Reino liberarían la magia y llenarían el país de color. Primero los turquesas, luego los naranjas, después los verdes… Y antes de que llegara el amanecer ya no quedaría ningún integrante de la escala de grises.
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