Los colores del amanecer se filtraron por la ventana del camarote, con fuerza, llenos de luz. Ada salió corriendo a la cubierta del velero para comprobarlo por ella misma. Se bajó la capucha. Seguía sin creerlo. ¡Aquella noche no había llovido!

Ada inspiró despacio el aire seco de la mañana mientras contemplaba el entorno. El punto brillante que se asomaba por el horizonte casi la cegó. Las historias del pasado debían de ser ciertas entonces, aquellas que hablaban de días sin lluvia, de cielos azules sin nubes y tormentas. Y de tiempos en que los barcos no podían navegar por los ríos vacíos de agua y de vida. ¿Sería verdad que la historia se repetía?

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