Tras la operación mi vida ha cambiado tanto. No sabría decir si a mejor. Soy más alto y las personas ya no ponen cara de asco al verme. Pero es como si hubiera perdido mi identidad, mi esencia al completo. No, no me siento yo mismo. Soy otro.

Lo peor son esos dolores. Los médicos dicen que es normal tras las amputaciones y que pueden que no desaparezcan jamás. Sobre todo en un caso como el mío, cuando el tercer par de patas y las alas de escarabajo solo permanecen en mis recuerdos y el cerebro se niega a olvidarlos.

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