Desde hace un tiempo tengo guardados unos espráis para pintar en textiles y este mes por fin me atreví a usarlos. Me compré una camiseta blanca y comencé a reunir ideas.
Antes de empezar hice pruebas en otros tejidos, con cartón y cinta de carrocero como aliados. Siempre en los mismos tonos, pues solo tengo tres colores, todos con nombres muy evocadores: caribe, frambuesa y mora.

Es una colección de fallos. El más grave fue la falta de paciencia. Aprendí que no usar demasiada pintura es fundamental. Mejor varias capas y esperar entre medias.
A la hora de la verdad, me decidí por el motivo de un podenco (¿canario?) mágico. Dibujé la plantilla sobre un cartón.

Lo de cortar fue más difícil de lo que había pensado, pero con paciencia y unas tijeras lo logré. Las estrellas demostraron tener vida propia, con tamaños distintos a los planeados.

Con la cinta y algo de pegamento en barra lo fijé a la camiseta. Tuve que usar protección adicional para no manchar el resto del tejido.

Y tras varias capas con los tres colores y algo de tiempo, así quedó el resultado:

No es la primera vez que pinto en telas, ya lo he hecho con rotuladores o pinceles. La última vez fue con la llegada del covid, antes de que se usaran las mascarillas FFP2. Varios miembros de mi familia recibieron una con el motivo que me pidieron: caballos, trenes, flores…
