Nunca se separan de la entrada del pabellón de los espejos. Los dos hombres se encargan de protegerla de entrometidos. Obras de remodelación, dicen. Por los repiques de los picos contra las rocas, todos piensan que debe de ser verdad.

Duran ya años. Aunque al duque no le preocupa. Una vez al mes, después de la medianoche, abre las puertas a unos extranjeros de ropajes extraños. Ellos le cuentan que con las rocas extraídas construirán veleros con alas. Estarán locos, pero pagan con oro.

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